Guion 67º – COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ
TAMBIEN OS ENVÍO YO; RECIBID EL ESPIRITU
SANTO.
Evangelio de San Juan 20, 19-23

INICIAREMOS ESTE ENCUENTRO DE HOY CON UNAS SENCILLAS PETICIONES:
Padre, estamos aquí, reunidos ante Ti, compartiendo con nuestros
hermanos y hermanas un tiempo de oración y reflexión.
Ven a nosotros Señor.

Estamos aquí para escuchar tu palabra, y también para dirigirte nuestras
propias palabras y pensamientos.
Ven a nosotros Señor.

Para pedirte que nos ayudes con nuestras preocupaciones, y también
con nuestras ilusiones y nuestros temores.
Ven a nosotros Señor.

Estamos aquí junto a nuestros hermanos y hermanas, llevando en
nuestro corazón las personas que más queremos.
Ven a nosotros Señor.

Estamos aquí con ganas de vivir tu espíritu, con ganas sentir tu luz , y con
ganas de llevar esa luz a los que la necesiten.
Ven a nosotros Señor.

Padre nuestro, somos tus hijos y venimos hoy ante ti con confianza, con
esperanza y con todo nuestro amor.
Ven a nosotros Señor.

Nos encontramos ante Domingo de Pentecostés en el ciclo B y la lectura
del evangelio correspondiente es de San Juan, en el que Jesús se
aparece a los discípulos.
Pero antes, leeremos un fragmento de la primera carta del apóstol san
Pablo a los Corintios.
Dice así:

Hermanos: Nadie puede decir: “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción
del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay
diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de
actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo
mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los
miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es
también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados
en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.
Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

EVANGELIO DE SAN JUAN 20 ,19-23
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas
por miedo a los judios, las puertas del lugar donde se encontraban los
dicipulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
– “La paz con vosotros”.
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron
de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez:
– “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”.
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
– “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan
perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

Comentario:
Pentecostés es una palabra griega que significa cincuenta y dio origen,
en el pueblo judío, a una gran fiesta, porque fue a los cincuenta días de
la liberación de la esclavitud de Egipto cuando Moisés firmó con Dios el
pacto del Sinaí.

Y esta fiesta se incorporó también después al pueblo cristiano para
conmemorar, que a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús fue
cuando el nuevo pueblo de Dios recibe el Espíritu que Jesús había
prometido cuando antes de la muerte, les dijo a los apóstoles, no os
dejaré huérfanos…

El evangelio de hoy, por lo tanto, contempla tres hechos fundamentales:
– Cristo resucitado se hace presente a la comunidad mostrando las
manos y el costado, es decir las señas de identidad de su muerte y su
resurrección

– Jesús resucitado envía a sus discípulos a continuar la misión que Él ya ha
cumplido

– Y de la misma manera que Él al morir entregó el espíritu, ahora les dice
que reciban el Espíritu Santo, es decir les deja el Espíritu para que les asista
en su misión.

En el Credo decimos que el Espíritu es Señor e infunde vida…, y el gran
teólogo Congar, cuando le preguntaron qué significaba para él el Espíritu
afirmó: es un visitante a veces esperado y deseado, a veces inesperado;
es una fuerza que nos mueve y nos impulsa; es un huésped que viene y
habita en nuestra alma, es un agradable huésped de nuestras almas…
Y recopilando algunos textos bíblicos podemos señalar, entre otras,
cuatro grandes ayudas del Espíritu en el cual fuimos bautizados.

En Corintios se nos dice; el Espíritu habita en nosotros: « ¿no sabéis que
vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habita en vosotros?»
También en Corintios se nos dice; El Espíritu nos ayuda a rezar: «nadie
puede decir <Jesús es el Señor> si no es impulsado por el Espíritu santo»
En la carta de san Pablo a Timoteo: El Espíritu nos fortifica interiormente:
«Guarda el tesoro que se te ha sido confiado, con la fuerza del Espíritu
que vive en nosotros»

San Juan nos ha dicho hace un momento, que el Espíritu es la fuerza
de que disponemos para ser evangelizadores: «Como el Padre me ha
enviado a mí, también Yo os envío a vosotros: recibid la fuerza del
Espíritu santo» (Joan 20,21) o en Hechos de los Apóstoles; «Cuando el
Espíritu venga sobre vosotros recibiréis una fuerza que os hará testigos
míos hasta los límites más lejanos de la tierra»

Sea, pues, hoy nuestra oración final: «Ven, Espíritu Santo, llena los
corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor».

REFLEXIÓN:
“Sin tu ayuda divina, no hay nada en el hombre, nada que sea inocente”.
Estas palabras parecen un poco negativas, pero lo que dicen es
completamente cierto. Sin la acción del Espíritu Santo no hay nada
inocente en nuestras vidas.

Es verdad que, sin el Espíritu Santo, podemos construir una casa, o
trabajar, o hacer una buena obra; también podemos hacer cosas que,
en apariencia, son virtuosas; como ahorrar por ejemplo. Pero nada de
eso es en verdad santo y bello sin la acción del Espíritu Santo.
Porque sin él, en realidad, estamos siempre buscando nuestro interés, sin
preocuparnos con sinceridad, por el bien de los otros. Sin él, tampoco nos
interesa de verdad la gloria de Dios.

Muchas veces Él está invitándonos a hacer el bien, pero su impulso no
obtiene resultado, porque lo ignoramos o nos resistimos.
Si en algún momento lo dejamos actuar, y brota en nosotros un
sentimiento verdadero de bondad, o una decisión realmente generosa,
tenemos que darle gracias a Él. Porque eso sería imposible sin su impulso,
sin su invitación, sin su gracia, que nos eleva.

Oremos con la plegaria que nos enseñó Jesús.
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

El grupo de “VINE I VEURAS” Amparo, Roser, Carme, Eulogi, Manuel,
Francisco i la colaboración de Mn. Manel Simó, muchas gracias por
acompañarnos nuevamente en este encuentro mensual de oración y
reflexión.

El próximo encuentro será el viernes 18 de junio a las 19:30
(tercer viernes de mes) Parroquia N.S. Salas Viladecans.

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