Evangelio de San Lucas 9, 11b-1
La lectura de hoy es muy conocida, la de los panes y los peces. Pero intentaremos ir
más allá del extraordinario milagro de la multiplicación de los alimentos.
Para llegar a la solemnidad del Cuerpo de Cristo, el Corpus Christi; la gran fiesta de
la Eucaristía.
Espíritu Santo,
eres viento:
llévame donde quieras;
eres brisa:
déjame respirar lo nuevo;
eres fuerza:
levántame del suelo;
eres vida:
dame pasón por la vida;
eres alimento:
nútreme de tu savia;
eres luz;
ilumíname con tus rayos;
eres calor:
calienta mi existencia;
eres libertad:
hazme libre;
eres fecundidad:
cúbreme con tu sombra;
eres agua viva:
dame de beber;
eres respuesta:
dame fuerza para decir sí
al Padre,
al Hijo
y a ti, Espíritu Santo.

Lectura del Evangelio de San Lucas 9,11b-17
En aquel tiempo Jesús recibió a la gente, les habló del reino de Dios y sanó a los
enfermos. Cuando ya comenzaba a hacerse tarde, se acercaron a Jesús los doce
discípulos y le dijeron:
“Despide a la gente, para que vayan a descansar y a buscar comida por las aldeas
y los campos cercanos, porque en este lugar no hay nada”.
Jesús les dijo:
“Dadles vosotros de comer”
Contestaron:
“No tenemos más que cinco panes y dos peces, a menos que vayamos a comprar
comida para toda esta gente”.
Eran unas cinco mil personas. Pero Jesús dijo a sus discípulos:
“Haced que se sienten en grupos, como de cincuenta en cincuenta”.
Así lo hicieron, y se sentaron todos. Luego Jesús tomó en sus manos los cinco panes y
los dos peces, y mirando al cielo dio gracias a Dios, por partió y los dio a sus
discípulos para que los repartieran entre la gente.
La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía llenaron doce canastas con los
trozos que sobraron.

COMENTARIO DEL EVANGELIO PROCLAMADO
En nuestro relato se apunta que todo ocurre cuando el día declinaba, como en el
caso de Emaús, que terminó con aquella cena prodigiosa en la que un Jesús
resucitado realiza los gestos de la última Cena, y desaparece.
No nos quedemos solamente con que Jesús hizo un milagro, algo extraordinario que
rompía las leyes de la naturaleza, pues nos habla de cinco panes y dos peces y eran
cinco mil personas. Si no, que Jesús los acogía, les hablaba del Reino de Dios y los
curaba de sus males.
Si la Eucaristía de la comunidad cristiana no es un misterio de “acogida”, entonces
no haremos lo que hacía Jesús.
La solemnidad del Cuerpo y de la sangre de Cristo es la gran fiesta de la Eucaristía.
Fue constituida en el siglo XIII, dada la creciente importancia que iba adquiriendo
en la Iglesia occidental el culto de la Eucaristía; y se celebró por primera vez el año
1246.
Fue el Papa Pablo VI quien cambió el nombre de esta fiesta, añadiendo la memoria
de no solo el cuerpo, sino también la sangre, suprimiendo la fiesta de la Preciosísima
sangre, que se celebraba el 1 de julio.
Es interesante fijarnos en la evolución negativa que fue sufriendo la celebración del
memorial del Cristo, ya que derivó en poco menos que en una pesada obligación,
que se debía observar los domingos y fiestas de guardar, y del cual había que
participar, como mínimo una vez al año…
Hoy, vemos la Eucaristía como un signo muy expresivo de la obra de un Cristo que es
capaz de saciar el hambre que padece el ser humano. Jesús se presenta como un
pan de vida que refuerza nuestra actitud ante las ansiedades y las angustias de la
vida cotidiana.
A su vez, los signos del pan y del vino nos son dados para partir, repartir y
compartir…
Cuando en la comunidad cristiana nos reunimos para celebrar la Eucaristía nutrimos
e interiorizamos la comunión con el Cristo y su manera de entender la vida.
Muchas personas necesitan la Eucaristía como misterio de acogida de sus
búsquedas, de sus frustraciones, de sus anhelos espirituales. Debe ser “experiencia
del Reino”
Es importante, que entendamos la Eucaristía como una necesidad, más que una
obligación, o un acto piadoso.
Una buena comunión se mide siempre por el grado de compromiso que nos genera
hacia los que más necesitados.

ORACIÓN: CON EL PAN EN MIS MANOS (MARCOS ALEMÁN, sj)
Con el pan en mis manos,
sobre el altar de la vida quiero andar.
Con el pan en mis manos,
quiero llevarlo a los hambrientos de nuestra historia.
Con el pan en mis manos,
Me quedo junto a TI, para seguir horneando la vida.
Contigo, tomo partido por los tuyos.
Con el pan en mis manos,
las fronteras se vuelven tienda de encuentro
y el grito de los excluidos;
Tu Evangelio de siempre.
Con TU pan en NUESTRAS manos,
nos lanzamos a compartir la lucha por la inclusión.
Con TU pan en NUESTRAS manos,
queremos anunciar y denunciar
lo que hemos visto y oído.
Con TU pan en NUESTRAS manos,
no queremos perderte de vista,
ni dejar de anunciar tu Reino.
Y comulgarte, en manos de otros y otras.
Os informamos que el próximo encuentro será el viernes 19 de julio a las 19:30 (tercer
viernes de mes).
El miércoles día 4 de septiembre, lectura compartida Evangelio de Marcos.

En nombre de todo el grupo, de Carme, Asun, Amparo, Roser, Manuel, Paco, Eulogi
y de Mn. Manel Simó, agradecemos vuestra confianza

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